Niñez en Pandemia - Espacio Pudú Work & family
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Niñez en Pandemia

Niñez en Pandemia

Nos encontramos ante un escenario desconocido. Las rutinas diarias se han modificado rápidamente, teniendo que adaptarnos a normativas gubernamentales incluso antes de haberlas entendido. A veces nos sentimos confundidos, escuchamos diversas informaciones contradictorias y no sabemos con claridad cómo guiarnos en esta nueva realidad. Generalmente, nos encontramos estresados, tensos, sobre todo ante la incertidumbre del futuro, de los ingresos y de la salud familiar.

En ocasiones, también estamos molestos. Algunos comentarios nos afectan el ánimo más de lo que pensaríamos y algunas situaciones nos provocan una indiferencia que no nos resulta reconocible en nosotros mismos. Algunas veces, tendemos a la rebeldía, rechazamos recomendaciones razonables y nos dedicamos a satisfacer nuestras necesidades inmediatas, sin medir mayores consecuencias.

Estos diversos estados, y muchos otros no contemplados, los vivimos como adultos y adultas. Muchas veces estas situaciones se experimentan incluso en el mismo día. Son escenas válidas y necesarias de considerar y transparentar, pues con percibir y reconocer lo que nos está pasando ya avanzamos en la resolución del malestar, aunque en lo inmediato no logremos verle solución.

Una recomendación importante para todos los adultos y adultas es tratar de mantenerse tranquilos. En la práctica resulta complejo y trabajoso, pero sumamente necesario. Esto principalmente pensando en nuestros hijos e hijas, puesto que, si nosotros ya nos encontramos experimentando estas diversas sensaciones y emociones, ¿cómo lo estarán vivenciando los niños y niñas de nuestra familia?

Probablemente ellos también se encuentran enfrentados a la inestabilidad de sus entornos, a la incomprensión de lo que sucede, a las confusiones diarias de su rutina, a sentirse tensos por el estrés que nosotros mismos como adultos les transmitimos, a estar molestos y aburridos y sin saber cómo entender lo que les pasa.

¿Cómo puedo ayudar a los niños y niñas de mi familia, si yo ya como adulto me siento abrumado?

Cuanto perdemos toda certidumbre y lógica, nos vemos enfrentados a resolver los conflictos de formas poco cotidianas. Si generalmente acostumbro a razonar, a sopesar variables, a evaluar lo que es mejor según las circunstancias, eso ya no nos resulta útil en esta nueva realidad. La lógica y la razón no nos pueden ayudar a desenvolvernos y adaptarnos a la contingencia que nos convoca. Debemos recurrir a saberes que se encuentran menos estimulados, incluso adormecidos por el poco uso que les damos (o a veces, un uso tan poco consciente que no nos percatamos de ello). Es este escenario, lo recomendable es trabajar desde las sensaciones.

“me quedé helada”, “estaba sin aire”, “me latía el corazón muy rápido, pero no me podía mover”, “tenía la cabeza abombada”, “un nudo en la garganta”, “estaba con el estómago apretado”, “cuando me dijeron que estaban bien mis exámenes, sentí alivio”, “me temblaban las piernas”, “se me pusieron los pelos de punta”. ¿Te has escuchado diciendo estas expresiones? Pues bien, aquí has estado expresando tu mundo interno por medio de las SENSACIONES. Con esta herramienta podemos verbalizar lo que no pasa, liberando la tensión que esto nos produce, además de permitir que los otros empaticen con nuestras percepciones.

Esto también lo podemos estimular con los niños y niñas. Para ellos es fundamental que apoyemos el desarrollo de su consciencia sensorial, pues les da una habilidad para reconocer y expresar lo que les va sucediendo ante diferentes estímulos. Pueden lograr esto por medio del juego, medio fundamental de aprendizaje en la niñez. Por ejemplo, pueden probar distintos alimentos e ir notando cómo se sienten, a qué saben, cómo huelen, ¿es jugoso o seco, deja la lengua áspera, tiene un sabor amargo, es agradable, dulce, blando o duro?

También podemos estimular este saber por medio de ir sacando de un contendor diversos objetos, con los ojos cerrados, tratando de adivinar qué es lo que estamos tocando. ¿Será un autito, una manzana, un algodón, un calcetín? ¿cómo se siente al tacto cada uno de estos objetos?

Con niños y niñas más pequeños, ¡el ejercicio es el mismo! Independiente si existe lenguaje oral o no, hay que recordar que son muy sensibles a lo que les transmitimos, por lo cual podemos hacer una actividad similar, explorando objetos o alimentos y sintonizando con cómo se siente el bebé ante cada uno de estos. Si prueba una naranja y pone cara de acidez, pero luego sonríe, entonces puedo devolver el mismo mensaje con mi rostro, agregando con mi voz “parece que está ácida, ¡pero te gustó!”.

Cuando ya hemos estimulado este conocimiento, podemos utilizarlo para expresar lo que sentimos internamente, y además, en qué parte del cuerpo lo sentimos. Posteriormente, podemos ir agregando parte del lenguaje emocional, diciendo si esta sensación que percibimos nos hace sentir triste, confundido, tranquilo, abrumado, seguro, etc.

Finalmente, es importante expresar que esta nueva habilidad debe ir acompañada de ciertas circunstancias transversales para facilitar el bienestar de nuestros niños y niñas:

1) Transmitirles tranquilidad con nuestro tono de voz y lenguaje corporal.

2) Hacer predecibles las situaciones, sobre todo las novedosas que nos convocan en la actualidad, para que esto les de algo de seguridad y tranquilidad.

3) Dentro de lo posible, mantener algunas rutinas, sobre todo la higiene diaria, el vestirse y descansar a un horario adecuado.

4) Validar, normalizar y contener los diversos sentires de los niños y niñas, sin minimizar lo que les pasa o burlarse de sus percepciones.

Ante un contexto inestable e impredecible, ser sensibles a nuestras sensaciones y guiarnos por ellas puede ser determinante para sobrellevar el día a día, pues no darán la estabilidad y seguridad necesarias para nuestro bienestar y el de nuestras familias.

Alexandra Castañeda Catalán es Psicóloga Infanto-Juvenil. Se formó en la Universidad de Santiago de Chile y ha profundizado en temas como primera infancia, trauma complejo y regulación emocional, a través de sus estudios en la Pontificia Universidad Católica de Chile, Fundación América por la Infancia y con el PhD. Felipe Lecannelier. Actualmente trabaja en la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) como Psicóloga Infantil de la Oficina de Buen Trato. Si deseas contactarla puedes escribir a alexandra.c.catalan@gmail.com.

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