Vivir el confinamiento como un regalo - Espacio Pudú Work & family
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Vivir el confinamiento como un regalo

Vivir el confinamiento como un regalo

El confinamiento o cuarentena nos ha llegado como un momento inesperado, una sorpresa que vimos tan lejana y que hoy estamos viviendo en carne propia. Nos ha puesto dentro de cuatro paredes con el gran desafío de cuidar a nuestra familia, mantener los quehaceres del hogar, cumplir con las tareas encomendadas en el trabajo y algo muy importante, ponernos al mil por ciento para nuestros hijos e hijas.

Soy madre de dos pequeños, Mateo y Agustín que actualmente tienen 2 y 6 años de edad. En un comienzo al saber que nos quedaríamos en casa por algunas semanas, vi que esto sería tremendo… pensé: ¿cómo lograremos hacer todo esto sin morir en el intento?

Los dos primeros días efectivamente fueron días muy tensos, con constantes frustraciones y terminando el día agotadísimos, con mucho miedo, incertidumbres y enojos sin razón, realmente un abanico de emociones incontrolable.

Pero bien dice el dicho “al mal tiempo buena cara”… al tercer día nos levantamos con una energía muy distinta, con ganas de buscar estrategias para organizarnos y sobretodo valorando que estábamos juntos y sanos.

Pasados los días los desafíos seguían existiendo, claramente no podíamos hacer magia. Pero esa nueva forma de afrontar los días nos hacía sentir una calma impensada. Los niños que como bien sabemos son muy perceptivos, comenzaron a adaptarse también y a mostrar que para ellos era un regalo estar en casa juntos.

Increíblemente desde ese día se hace muy fuerte para nosotros el ver este tiempo como una oportunidad, un regalo. Cada día agradecemos el seguir sanitos en casa y el poder disfrutar de hacer muchas cosas juntos.

Qué necesario era detenerse a pensar, darse tiempo para conversar y reflexionar. Qué dicha es poder buscar y compartir con la familia esas recetas que estaban muy bien guardadas y poder prepararlas todos juntos. Qué fabuloso pensar que en un tiempo este huerto que estamos creando traerá frutos y que nuestros hijos conocerán más de nuestro trabajo. Qué bello pensar en que después miraremos hacia atrás y habremos hecho tantas cosas con el corazón, preocuparnos de nuestros amigos, por nuestros vecinos y por nuestros abuelos, cuidarnos como tesoros preciados…

Así será, claramente este tiempo traerá cambios en nosotros, gracias a este este tiempo comenzaremos a valorar tanto esos momentos en los que logramos encontrarnos con nuestra familia, con nuestros amigos, a valorar un abrazo, una tomadita de manos o un simple conversar sin temor.

Decirles que todo ha sido color de arcoíris sería mentirles, pero sí que hemos trabajado mucho para llegar a darle más valor a los buenos momentos de nuestros días. No ha sido fácil encaminar nuestra energía cuando se acumula el trabajo o controlar los momentos en que los niños se pelean, realizar reuniones de trabajo entre juegos de niños, dormir más tarde para aprovechar esos momentos solos o acortar nuestras expectativas a la realidad de cada día. Pero confieso que me siento privilegiada de tener este gran regalo. Sí, un GRAN REGALO para nuestro cuerpo, para nuestros hijos y para nuestra pareja, un regalo para nuestro planeta y para nuestra sociedad que necesitaba con urgencia mirarse a los ojos sin diferencia.

Como madre he activado hasta el último rinconcito de mi creatividad y puedo confesar, y compartir con fuerza, que hay ciertas estrategias sencillas que nos han dado resultados muy enriquecedores:

  • Identificar y validar todas nuestras emociones
  • Cuidar y respetar todos los rituales diarios de nuestros hijos, horarios de comida y sueño
  • Reservar por completo momentos diarios para crear y jugar con nuestros hijos
  • Reservar momentos de juego libre para nuestros hijos. Permitirles aburrirse activa lo mejor de su imaginación.
  • Involucrar a nuestros hijos en las tareas del hogar. Crear un calendario de tareas en las cuales según sus edades podíamos ser protagonistas sin peligro (ayudar a doblar la ropa, ordenar la cama, regar las plantas, ayudar en la preparación de la mesa,…)
  • Conversar y determinar con nuestras jefaturas las tareas que tienen mayor prioridad para evitar frustraciones
  • Reservar y organizar diariamente algún o algunos momentos del día para las tareas encomendadas en el trabajo
  • Manifestar abiertamente la necesidad de ayuda cuando notamos que nos vemos superados emocionalmente

Así es, estrategias sencillas y complejas a la vez, porque la riqueza de nuestra esencia es vivir y ser muy distintos. Sin embargo, mi invitación es pensar, buscar y reconocer todos los regalos que este tiempo les ha otorgado. No me cabe duda que desde ese punto de partida los desafíos más difíciles pasan a ser UNA GRAN OPORTUNIDAD…

Dayana Gómez Alvear, encargada del nuestro espacio infantil.  Educadora de Párvulos y Magíster en Educación con Mención en Gestión Educativa de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

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